21 y 21, 42.

   Y en este momento me parece lo más adecuado, hago mías las palabras de Alex.

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   Y todo se explicaba porque era joven. Pero ahora, al final de esta historia, ya no soy joven, ya no. He crecido, oh sí.
  Pero donde vaya ahora, oh hermanos míos, tengo que itear odinoco, no podéis acompañarme. Mañana es todo como dulces flores y la tierra vonosa que gira, y allá arriba las estrellas y la vieja luna, y vuestro viejo drugo buscando odinoco una compañera. Y toda esa cala. Un mundo grasño y vonoso, realmente terrible, oh hermanos míos. Y por eso, un adiós de vuestro druguito. Y para todos los demás en esta historia, un profundo chumchum de música de labios: brrrrr. Y pueden besarme los scharros. Pero vosotros, oh hermanos míos, recordad alguna vez a vuestro pequeño que fue. Amén. Y toda esa cala.